Cómo dejar de comer delante de la pantalla

Mujer sentada a la mesa de la cocina mirando su plato, con el móvil boca abajo en el otro extremo de la mesa y luz natural entrando por la ventana

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Comes con el móvil apoyado en el salero. O en el sofá, con la serie puesta. O delante del ordenador, con el tenedor en una mano y el ratón en la otra. Y cuando terminas miras el plato vacío y no sabrías decir a qué sabía.

No es un fallo de carácter ni falta de disciplina. Es lo que pasa cuando dos cosas te piden atención a la vez y una de ellas se mueve, suena y cambia cada tres segundos. En esa pelea la comida pierde siempre.

Esto va de recuperar una de las tres o cuatro pausas que tiene tu día. No de comer menos, ni de comer distinto.

Por qué acabas el plato sin enterarte

La atención no se reparte, se turna. Vas saltando de una cosa a otra tan rápido que parece que estás en las dos, pero no lo estás. Y cuando una pantalla se lleva casi todos los turnos, comer se convierte en un gesto automático: cargar el tenedor, llevarlo a la boca, masticar, repetir.

Pasan tres cosas, y ninguna es dramática por separado. Comes más deprisa, porque nada te frena. Te enteras tarde de que ya estás llena, cuando ya te has pasado un poco. Y, sobre todo, te levantas de la mesa igual de cansada que te sentaste, porque eso no ha sido una pausa: ha sido lo mismo que estabas haciendo antes, con comida.

Esa tercera es la importante. Una comida delante de una pantalla no descansa. Y si tu día tiene pocas pausas, perder tres al día se nota.

Esto no va de dietas

Aquí no vas a leer nada sobre calorías, ni sobre lo que deberías o no deberías tener en el plato. De eso ya hablé en cómo empezar a comer sano sin hacer dieta, y sigue valiendo. Esto es otra cosa: no el qué, sino el cómo.

Comer con atención no es una técnica para adelgazar disfrazada de otra cosa, y me da rabia cuando se vende así. Es simplemente estar donde estás mientras comes. Que a algunas personas eso les cambie también la cantidad es un efecto secundario, no el objetivo.

Empieza por una comida, no por las tres

Si te propones comer sin pantallas desayuno, comida y cena a partir de mañana, el jueves lo has dejado. Es el patrón de siempre: empezamos por la versión máxima, fallamos un día y abandonamos. Lo conté con más detalle en por qué abandonas un hábito a las dos semanas.

Elige una. La más fácil, no la más importante. Para la mayoría de la gente es el desayuno, porque estás sola y nadie protesta. Si desayunas de pie mientras lees el correo, prueba con la cena. Una comida al día, todos los días, durante una semana.

Las otras dos las dejas exactamente como están. Sin culpa.

Los dos minutos que cambian la comida entera

No hace falta ningún ritual. Con esto basta:

  • Deja el móvil en otra habitación. No boca abajo en la mesa, no en el bolsillo: en otra habitación. Boca abajo sigue vibrando, y vas a mirarlo.
  • Siéntate. Plato en la mesa, no en el regazo, no en la encimera de pie.
  • Mira el plato tres segundos antes del primer bocado. Suena absurdo y es la parte que más funciona: es la señal de que empieza otra cosa.
  • Los tres primeros bocados, despacio. Solo tres. Después come a tu ritmo normal, no tienes que masticar contando.

Y un truco que parece tontería: suelta los cubiertos en el plato entre bocado y bocado. No hace falta hacerlo siempre, con los primeros minutos vale. Cuando tienes el tenedor cargado esperando, comes al ritmo del tenedor. Cuando lo sueltas, comes al tuyo.

Y si comes sola y el silencio te incomoda

Esta es la objeción real, y es legítima. Mucha gente pone la serie porque comer sola en silencio le resulta triste, no porque le apasione la serie.

No tienes que aguantar el silencio como una penitencia. La diferencia no está entre ruido y silencio, está entre lo que se lleva tus ojos y lo que no. Música sin letra, la radio de fondo, la ventana abierta: nada de eso te saca de la comida. Una pantalla sí, porque mirarla es mirar a otro sitio.

Si comes acompañada, el pacto tiene que ser de los dos. Un móvil en la mesa distrae a quien lo tiene y ofende un poco a quien está enfrente.

La comida del trabajo

Comer en la mesa del ordenador es lo más normal del mundo y lo que peor sienta, porque no marca ninguna frontera: la mañana y la tarde se convierten en un bloque continuo con un sándwich en medio.

Levántate. Aunque sean quince minutos y aunque el sitio al que vayas sea una silla dos metros más allá. Lo que cambia el día no es el rato que tardas en comer, es haberte movido de sitio para hacerlo. Si además puedes salir a la calle diez minutos después, mejor todavía: caminar un poco hace por la tarde lo que no hace un café.

Qué vas a notar

Los primeros días, aburrimiento. Te va a parecer que la comida dura muchísimo y vas a buscar el móvil con la mano sin darte cuenta. Es la parte incómoda y dura poco.

Hacia el final de la primera semana empiezas a saber a qué sabía lo que has comido. Suena a poco y no lo es: es la señal de que has estado ahí. Y a las dos o tres semanas aparece lo bueno de verdad, que es levantarte de la mesa con la sensación de haber parado. No de haber repostado.

Lo que no va a pasar: no se te va a arreglar la relación con la comida en una semana, ni vas a dejar de picar por la tarde por arte de magia. Esto es una pausa recuperada, no una transformación.

Si te ha funcionado y quieres estirar la idea, es exactamente el mismo músculo que se entrena al empezar a meditar en casa: sostener la atención en una cosa sencilla un rato. Comer es un buen sitio para practicarlo porque ya lo haces todos los días, no tienes que sacar tiempo de ningún lado. Es la ventaja de colgar lo nuevo de algo que ya está en tus rutinas.

Un apunte, por si acaso: si comer te genera angustia, culpa o pensamientos que no puedes soltar, esto no es lo que necesitas. Habla con tu médico o con un psicólogo. Un artículo no sustituye a un profesional, y en este tema menos.

El libro para llevarlo más lejos

Comer atentos — Jan Chozen Bays

Comer atentos

Jan Chozen Bays

Es el libro de referencia sobre esto y, sobre todo, es el que mejor separa comer con atención de hacer dieta, que es donde casi todo el mundo se lía. Está lleno de ejercicios muy concretos para hacer en una comida cualquiera. Si lo de arriba te ha servido y quieres seguir tirando del hilo, este es el siguiente paso.

Por dónde empezar mañana

Elige la comida más fácil de las tres. Deja el móvil en otra habitación. Siéntate, mira el plato tres segundos y ve despacio los tres primeros bocados.

Eso es todo. Una comida al día, una semana. Si al séptimo día sabes a qué sabía la cena del martes, ya ha funcionado.

Y si el problema es que llegas a la cena sin nada hecho y acabas comiendo cualquier cosa de pie, el arreglo está antes: en cómo hacer batch cooking para una persona sin tirar comida el jueves. Cuando la cena ya está resuelta, sentarse a comerla cuesta mucho menos.

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